De Veracruz al mundo
Proteger la tierra como las ancestras: defensoras en Morelos luchan por la cancelación de mina que contaminaría su comunidad.
Desde hace 12 años, las mujeres de la Unidad Habitacional Morelos y de las colonias vecinas defienden el futuro del territorio donde viven. Juntas protegen sus tradiciones, la biodiversidad, las plantas medicinales, su cultura y una vida libre de la contaminación que causaría el proyecto minero Esperanza Silver.
Domingo 08 de Febrero de 2026
Por: animalpolitico.com
Foto: .Colectiva Morelos Sin Mina
Ciudad de México.- Las mujeres que fundaron la comunidad de la Unidad Habitacional Morelos y las colonias aledañas, en el estado de Morelos, heredaron a sus hijas e hijos, así como a sus nietas y nietos, la valentía de defender la tierra que habitan pese a los constantes impactos de megaproyectos en el territorio, como sucede ahora con el proyecto minero Esperanza Silver.

Lliny Flores llegó a la localidad de Loma Bonita, en el municipio de Xochitepec, Morelos, hace 29 años. En ese sitio se encuentra la Unidad Habitacional Morelos, una comunidad que se formó en los años ochenta, cuando sus primeros habitantes empezaron a poblar la zona.


Ella es una de esas infancias que creció en la comunidad. Se formó como profesora de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y con el tiempo se convirtió en activista de tiempo completo en la colectiva Morelos Sin Mina.


Para Lliny defender el territorio es el reflejo de lo que hicieron sus ancestras en la historia de la comunidad, porque fueron las mujeres quienes la fundaron y resguardaron para su transformación y desarrollo desde hace cuatro décadas.


“No nos resulta extraño que ahora, nuevamente, sean las mujeres quienes retomen este ejercicio de defensa, precisamente porque hay una relación con la memoria muy importante”, explicó Lliny Flores, defensora del territorio en Morelos, en entrevista para Animal Político.

La organización Territorios Diversos para La Vida (Terra Vida), quienes acompañan la defensa legal del territorio, señalan que varias de las personas que llegaron a esta comunidad vivieron situaciones de violencia y fueron afectadas, previamente, por la minería.


También es una comunidad que se conformó por personas que sufrieron desplazamiento y reubicaciones forzadas de colonias marginadas de Cuernavaca y pueblos de Guerrero.

Actualmente, la comunidad se ve amenazada por los impactos del proyecto minero Esperanza Silver, que impulsan las empresas Esperanza Silver de México S.A. de C.V., Alamos Gold Inc. y Zacatecas Silver al sur del estado de Morelos desde hace 12 años.


Defender la vida que las ancestras hicieron florecer
Defender el territorio en el que viven y que fundaron sus ancestras también está ligado con su rol de cuidadoras. Lliny lo describe como una relación que les recuerda a quienes llegaron a establecer su comunidad y la necesidad que tienen las mujeres para proteger la vida de sus hijos, sus nietos y sus padres.

“Esa necesidad de querer mantener el cuidado y preservar la vida de quienes nos rodean, de nuestras familias y de nuestra comunidad nos impulsa a posicionarnos, a luchar. Eso es mucho de lo que hemos logrado”, recordó.


Incluso, “recuerdo que, cuando le preguntábamos a las mujeres, justo, por qué se adscribían a un movimiento de defensa del territorio, decían que lo hacían por sus nietos, y por sus hijos. Es una historia que se ha ido replicando a lo largo de la historia de la comunidad”, añadió la defensora.

Gasoductos, termoeléctricas y minería
La minería no es el único impacto que recibe el territorio. En 2011, el estado de Morelos anunció la implementación del Proyecto Integral Morelos (PIM), impulsado por la Comisión Federal de Electricidad (CFE) durante la administración del presidente Felipe Calderón Hinojosa, el cual afectaría a comunidades de Morelos, Puebla y Tlaxcala.

El PIM es un megaproyecto energético con una infraestructura compuesta por dos termoeléctricas de ciclo combinado, un gasoducto de 160 km de longitud, un acueducto de 12 km de longitud y la red de transmisión eléctrica asociada.

Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto comenzaron las obras de infraestructura de este megaproyecto, luego de una serie de manifestaciones locales que denunciaron impactos sociales e hídricos sobre las comunidades afectadas, como señaló Lilián González Chévez en la investigación “Proyecto Integral Morelos: sus impactos sociales y la demanda de justicia hídrica de los ejidatarios del municipio de Ayala, Morelos”.

“Primero viene la imposición del Proyecto Integral Morelos que trae un gasoducto, que trae hidroeléctrica, termoeléctrica y viviendas que no son para la gente de Morelos, ampliaciones carreteras y, como ‘cereza del pastel’, viene este proyecto minero”, añadió Norma Garduño, defensora del territorio en entrevista para Animal Político.


Norma vive en la ciudad de Cuernavaca, Morelos, y se dedica a la defensa de los derechos humanos. Al igual que Lliny comparte la necesidad de proteger a su comunidad de los impactos ambientales, sociales y culturales del proyecto minero Esperanza Silver.

“En mi caso, yo me entero [del proyecto] porque mi papá me dice: ‘Amanecimos viviendo dentro de la concesión 6’ y dije: ‘Espérame, ¿qué pasó? ¿Qué es eso? (…) A nosotros nadie nos pregunta si estamos de acuerdo o no. A los pocos días, compañeros de otras luchas confirman que va a haber una asamblea donde se va a presentar un proyecto minero. A partir de eso, nos conocemos quienes hemos integrado el movimiento”, cuenta.


La concesión del proyecto minero Esperanza Silver de México S.A. de C.V. se localiza en los municipios de Temixco, Miacatlán, Xochitepec y Cuernavaca, en la porción centro norte de la Región Hidrológica número 18 “Balsas”, en el estado de Morelos dentro de la cuenca del Río Amacuzac.

De acuerdo con el dictamen diagnóstico socioambiental de la zona de influencia del proyecto de la Minera La Esperanza S.A. de C.V., que elaboró la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), los impactos ambientales que tendría el territorio están proyectados, principalmente, en el acceso al agua, la flora y fauna, el aire, el suelo y el cambio en los usos de suelo.

Radiografía de un proyecto minero nocivo
“Yo prefiero el monte”, es una de las consignas que más resuena en la comunidad para defender al cerro El Jumil del proyecto minero Esperanza Silver, concesionado por las empresas Esperanza Silver México S.A. de C.V. de México, así comoEsperanza Resources Corporation y Álamos Gold Inc., ambos, corporativos de Canadá.

El proyecto busca extraer oro y plata, pero para hacerlo tiene que explotar los cerros El Jumil y La Calabaza que se ubican en las comunidades de Tetlama, Alpuyeca y Xochicalco. La organización Terra Vida advierte que además de la extracción de metales preciosos, las empresas buscan explotar cobre, arsénico, antimonio, molibdeno y zinc de la zona.

El cerro El Jumil se ubica en el municipio de Temixco, en el estado de Morelos, a 2 kilómetros de la zona arqueológica de Xochicalco, que en náhuatl significa “En el lugar de la Casa de las Flores”, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1999 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés).

Pese a tener este distintivo mundial, las empresas mineras canadienses contemplan impactar con su proyecto zonas cercanas al sitio arqueológico de Xochicalco. Cabe recordar que en 2013 la Semarnat rechazó la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) de esta mina por dos motivos, como resume este artículo de Ciencia UNAM.


El primero se debe al consumo de agua de la mina por cerca de 51% del acuífero de Cuernavaca, lo que implicaría dejar sin agua a miles de personas. Y en segundo término, por el impacto de este proyecto dentro de la zona arqueológica de Xochicalco.

La infraestructura del proyecto Esperanza Silver contempla una mina de tajo a cielo abierto. Terra Vida y activistas advierten que este tipo de minería es considerada la más nociva, ya que implica la lixiviación en pilas donde el mineral se rocía con una solución de cianuro diluida para recuperar el oro y la plata.

En ese sentido, tanto la zona de extracción y los patios de lixiviación estarían ubicados en las inmediaciones del cerro El Jumil, a tan solo 1.6 km y un 1 km de distancia, respectivamente, de las viviendas de la Unidad Habitacional Morelos.

La medicina que El Jumil da a la comunidad
El Jumil se caracteriza por su selva baja caducifolia y por dos estaciones muy marcadas que transforman la vegetación del monte: en la temporada seca, los tonos ocres predominan, mientras que en la temporada de lluvias se observan diversas tonalidades de verde, lo que convierte al cerro en un lugar lleno de vida, hogar de aves, reptiles y anfibios.

Para fortalecer el vínculo con la naturaleza y el cerro, activistas de la colectiva Morelos Sin Mina incentivan actividades bioculturales como caminatas para pajarear e identificar aves de la zona, observación astronómica, torneos de resorteras y talleres comunitarios.


“Mi territorio es un territorio cambiante por ser una selva baja caducifolia. Si lo visitas ahora, es un territorio completamente seco, árido, doradito. Pero si lo visitas en el mes de junio o julio, por ejemplo, te vas a encontrar con un escenario que no te lo puedes creer: es un verde que no te cabe en los ojos. Es un escenario que se transforma, lleno de riquezas”, describe Lliny.

Cuenta Lliny que, gracias a la vegetación de temporada en El Jumil, las personas han aprendido a identificar y usar las plantas medicinales que florecen en el cerro.

“Ese es el espacio en el que vivimos y contrasta con este crecimiento urbano tan acelerado que se ha tenido en el municipio de Xochitepec. La selva baja caducifolia obedece a las lluvias y en diferentes territorios se ofrecen diferentes medicinas con plantas que salen en temporada árida y otras en temporada de lluvia”, añade.


Además de la riqueza natural, la comunidad y sus colonias preservan un pasado histórico que se niegan a perder, como los rituales dedicados a los elementos de la naturaleza. Norma Garduño comparte cómo se realizan algunas de estas ofrendas.

“Para nosotras el agua, por ejemplo, no es un recurso, es una relación más cercana, como una abuela que está viva y que, gracias a este ciclo donde yo te ofrendo y tú me ofrendas, yo agradezco lo que tú me estás dando. Se llevan flores, se llevan peticiones, se llevan elementos que se consideran sagrados a sitios que son sagrados para cada pueblo. Cada una de las comunidades tiene su ritual”, describió.

Cancelar el proyecto minero para vivir sin miedo
La defensa del territorio cumple ya 12 años en los que habitantes de la Unidad Habitacional Morelos y comunidades adyacentes han levantado la voz diciendo “Yo prefiero el cerro”. Por eso, mujeres, infancias y personas adultas mayores esperan que las autoridades cancelen el proyecto Esperanza Silver por la salud colectiva y justicia ambiental a un medio ambiente sano.

Norma enfatizó que espera que “esta película de terror de largos años de defensa”, termine pronto. “Por eso la necesidad de exigir a las autoridades que revoquen y cancelen” el proyecto minero.

“Hace unos años tuvimos una suspensión temporal. Pero míranos, no dejamos de mirar el avance, pero es importante la cancelación para nosotras y no vamos a dejar de insistir en ello”, añadió.

Hasta ahora, el Juzgado Segundo de Distrito en Morelos ha concedido una suspensión definitiva que impide la explotación minera mientras dura el proceso.

Sin embargo, ¿qué significa la cancelación de este proyecto minero para las comunidades y su vida diaria? Llliny Flores, quien se tomó unos minutos para responder a esta pregunta con la voz entrecortada dijo, sin titubear: “Tranquilidad”.

“Representa poder vivir una vida con tranquilidad. Ahora lo que puedo valorar en mi vida cotidiana es tener una pequeña muestra de tranquilidad. (…) Le platicaba hace poco a una amiga y le decía: ‘Desde que el proyecto llegó a la comunidad, cotidianamente sueño que me quedo sin casa’”, cuenta.


Norma coincide con Lliny en que la cancelación de este proyecto implica recuperar la tranquilidad, pero también “el acceso a un mínimo de justicia social” que dejará un precedente.

“Ya lo mencionaba la compañera de [la colectiva] Cambiemosla Ya, Bety Olivera: ‘La cantidad de territorio no es territorio, es gente’. Entonces, pensar que todas estas personas estamos atravesando la misma pesadilla me parece atroz. Creo que también implica un poco de esperanza. Y si se logra en un territorio, podemos lograrlo en otros territorios”, añadió.










Por: Verónica Santamaría

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