De Veracruz al mundo
KAIRÓS
Francisco Montfort Guillén
2026-04-24 / 09:25:19
Imponer o autocontener, acordar


Francisco Montfort Guillén

Los antropólogos estudiosos del poder han pintado ya un fresco del surgimiento y evolución social, desde la anomia de las sociedades sin Estado (para nada paradisiacas), hasta la aparición y desenvolvimiento de ese Aparato de Comando de las sociedades, que las conduce hacia la protección y mejores calidades de vida de los seres humanos, y más ahora en la época moderna. Ya es posible conocer cómo fue y es la vida de las sociedades sin ese artificio (existen algunas en el continente asiático y en Africa y Brasil) creado para dar seguridad a los seres humanos y que sus vidas valgan la pena ser vividas. En este largo paseo de más de 10 mil años no es posible encontrar el Paraíso en ninguna parte del globo terráqueo, pero se puede constatar, eso sí, cómo algunas sociedades han encontrado las maneras de tener las condiciones de vida decente y satisfactoria para la mayoría de sus integrantes.

Tal vez por eso vale la pena preguntarnos no por las razones que provocan que, en estos momentos en México, reine un ambiente de degradación moral y corrupción, de miedo e incertidumbre, de amenazas y violencias, de incapacidades para lograr objetivos que nos orgullezcan. Sería mejor indagar porque motivos nunca hemos podido alcanzar el estatus de sociedades modernas, desarrolladas y democráticas. Destruido el Estado prehispánico de Tenochtitlan, fue sustituido por el Estado hispánico de la monarquía española que otorgó a la Nueva Estaña en mismo estatus que concedió a Perú, Barcelona, Valencia, León, es decir, a todas las comunidades que formaban su Imperio. Y la Nueva España llegó a constituir la Joya de la Corona con una economía que pudo sostener a la misma Corona Española, a Manila y al Caribe además de sus propios habitantes.

Desde la Independencia, momento demasiado grande de caos, imperó en México el caos, el desorden y por ser demasiado débiles o de fuerzas similares, los aspirantes a gobernar al México independiente nunca pudieron construir u Estado fuerte que impusiera el orden para que naciera la organización creadora de las cualidades, esas que en otras sociedades sostuvieron un proceso endémico de progreso permanente, para que en nuestro país fuera ampliando las libertades, las seguridades y los patrimonios de los seres humanos que habitaban el enorme territorio que heredaron los nuevos mexicanos, con sus abundantes recursos naturales, materiales y pocos recursos humanos. Un solo acuerdo, efímero, permitió la creación de Imperio de Agustín de Iturbide. Después regresó el desorden hasta que Porfirio Diáz creó por primera vez un Estado digno de ese nombre. Un Estado despótico adquirido por la fuerza, impuesto por las batallas ganadas, por las cualidades y virtudes de un gran general y su equipo.

El Estado porfirista desaparece por múltiples motivos, pero se ensalzan básicamente dos: las demandas de democracia y libertades de Franciso I Madero y sus seguidores; y la falta de equidades y las malas condiciones de vida de las mayorías. Aunque pesaron más, o igual, tal vez, los deseos de Estados Unidos, contenido hasta entonces por Don Porfirio, de explotar el petróleo mexicano y otras riquezas, y las rencillas y envidias del propio grupo del General presidente.

Regresaron el caos y el desorden al país, provocados por los golpes de Estado de hombres fuertes que llamamos Revolución Mexicana, hasta que los generales sonorenses, ganadores de esas batallas crearon el Estado de la Revolución Mexicana, consolidado posteriormente por el general Lázaro Cárdenas. Y tuvimos nuevamente un Estado Impuesto o adquirido por la fuerza de balas, el cual sólo lo cambiarían otras balas más fuertes, según la tronante declaración de un pilar de ese Estado despótico, don Fidel Velázquez. Y este Estado despótico e impuesto por la fuerza, sólo moderó su despotismo gracias al esfuerzo de un gran grupo de seres humanos mexicanos que resultó insuficiente para paliar las incapacidades acumuladas durante su larga existencia. El esfuerzo de democratización no alcanzó para disminuir radicalmente la corrupción de las clases dirigentes; el capitalismo de amigos que parasitan el mismo Estado y, por ende, impiden que crezca el número y diversidad de emprendedores y clases medias; la ampliación y profundización de los servicios públicos de calidad; la construcción de un auténtico sistema de justicia y la modernización de la visión cultural y de vida de los dirigentes que les permitiera competir por un espacio entre los Estados nación, llamados desarrollados, sobre una gran base de mujeres y hombres de grandes competencias científicas, técnicas y humanísticas.

Lo que la llamada 4T o $T construye, no es un nuevo régimen. En primer lugar, mencionemos lo que su Atila y su alfil han aniquilado. Lo que destruyen es una modernización del Estado despótico, pues sus integrantes habían entendido que, sobre la base de su antigua concepción despótica nacional-revolucionaria, no encontraría un camino adecuado en el mundo contemporáneo para alcanzar niveles de vida digna de ser vivida para la mayoría de los seres humanos de nuestro país, ni podría competir contra las grandes compañías extranjeras apoyadas por una concepción de Estado soberano, éste sí edificado sobre la base del dominio de la ciencia y la tecnología, aplicada a los procesos productivos y la distribución de las riquezas. Pero, lo que pretendía la Transición Democrática era, sobre todo, el abandono del Estado despótico de esencia nacional socialista, gracias a que el Estado que buscaba construir con la democracia y las libertades era uno encadenado, sometido al funcionamiento de una sociedad con mayor educación, con más mundo (o más moderna), más exigente y que reclama la rendición de cuentas del ejercicio de los presupuestos públicos y conductas de los funcionarios. Este proyecto arrasador es lo primero que está haciendo la llamada $T o 4T.

Y lo que está reconfigurando, sobre el mismo Estado, no es un nuevo régimen, es un gran esfuerzo para regresar a su carácter despótico más depurado, el que se impone siempre sobre la base de la fuerza de la ilegalidad, la violación del Estado de derecho, la supresión de los derechos de los individuos en tanto seres humanos, la corrupción, la violencia criminal y el miedo y la incertidumbre. La 4T destruyó el diálogo público, la posibilidad del entendimiento racional, la construcción de acuerdos sobre la base del uso de la inteligencia, la buena voluntad y, sobre todo: la autocontención de las ambiciones y pasiones políticas para acordar la construcción de un Estado surgido del consenso de las elites y de la participación de la sociedad, ese Estado civilizado y civilizador que nunca ha existido en México.

Por ese carácter despótico reconfigurado es que la presidente puede ir a España, (sin poner enfrente los intereses de México), a participar en una cumbre hipócritamente prodemocrática a realizar uno de sus deseos ideológicos personales (no voluntad del país): respaldar a Cuba, como si estuviera con sus colegas en las Islas de la Ciudad Universitaria de la UNAM, entre toques de mota y canciones de protesta, cuando, lo que tiene enfrente, es la responsabilidad de llevar a buen puerto las negociaciones comerciales con los Estados Unidos. Por eso se atreve a pedir demagógicamente que el 10% del gasto militar mundial se dedique a la reforestación, cuando los cambios del mundo ya determinaron un alza en los presupuestos militares de todas las naciones importantes (incluida Alemania) debido a los cambios de política de defensa militar de los Estados Unidos. Ceguera demagógica, pura y dura.

francisco.montfort@gmail.com

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