En Veracruz, la ciencia y la tecnología viven una paradoja incómoda: el estado posee una red relevante de centros de investigación, capital humano calificado y ventajas comparativas naturales únicas en el país, pero carece de una política pública capaz de convertir ese potencial en desarrollo sostenido.
El conocimiento existe; la conducción estratégica, no. Y en el centro de esa contradicción se encuentra el Consejo Veracruzano de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico (COVEICYDET), una institución creada para articular el ecosistema científico y que, en 2026, sigue sin consolidarse como verdadero órgano rector.
En el contexto global actual, la Ciencia, la Tecnología y la Innovación (CTI) no son adornos administrativos. Son instrumentos de desarrollo económico, capacidad de respuesta ante crisis, soberanía tecnológica y competitividad territorial. Las regiones que no integran la CTI como eje de gobierno terminan subordinadas a quienes sí lo hacen. Veracruz no es ajeno a esta realidad, pero tampoco ha reaccionado con la seriedad que el momento exige.
El lugar que ocupa Veracruz dentro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII, antes SNI) no es una percepción, es un dato verificable. Y los datos disponibles muestran un rezago estructural que no puede relativizarse.
De acuerdo con el Observatorio Nacional de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación (HCTI) del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (CONAHCYT), cuya última base de datos pública desagregada por entidad federativa corresponde a 2022, Veracruz registra poco más de un centenar de investigadores reconocidos dentro del SNII. Las cifras oficiales publicadas en ese año colocan al estado en un rango aproximado de 100 a 120 investigadores acreditados, de éstos, casi 100 investigan sobre temas sociales.
Aunque el CONAHCYT publica estadísticas nacionales anuales, la desagregación por entidad suele actualizarse con rezago, por lo que no existe aún una cifra consolidada estatal pública para 2026. Sin embargo, la tendencia no muestra un salto estructural que modifique sustancialmente ese orden de magnitud.
El problema no es solo el número absoluto, sino la densidad. Si se cruza el padrón estatal del SNII (Observatorio HCTI, 2022) con la población proyectada por el INEGI, Veracruz registra aproximadamente 0.3 investigadores del SNII por cada 10 mil habitantes, mientras que la media nacional ronda 1 investigador por cada 10 mil habitantes.
Esto significa que Veracruz se encuentra por debajo de la tercera parte del promedio nacional en densidad científica.
En términos comparativos, entidades como Ciudad de México, Jalisco o Nuevo León superan ampliamente esa proporción, consolidando ecosistemas científicos más robustos y diversificados.
Otro dato revelador: aproximadamente 60 % de los investigadores SNII en Veracruz laboran en la Universidad Veracruzana. Esta concentración institucional implica que el sistema científico estatal depende de manera desproporcionada de una sola universidad pública. Si esa institución enfrenta restricciones presupuestales o crisis administrativas, el impacto se refleja directamente en la capacidad científica del estado.
En cuanto a la composición por áreas del conocimiento, el propio Observatorio HCTI reportó que en 2022 el área de Ciencias Sociales concentraba alrededor de 3,500 investigadores a nivel nacional. En Veracruz, la presencia es significativa en esa área, pero menor en campos estratégicos como ingenierías, ciencias físico-matemáticas, energías o tecnologías digitales.
Esta distribución no es neutra. Afecta directamente la capacidad del estado para generar innovación tecnológica, patentes y transferencia productiva.
Las estadísticas históricas del CONAHCYT también señalaban que Veracruz registraba alrededor de 0.2 becas de posgrado por cada 10 mil habitantes, lo que evidencia una formación avanzada limitada en comparación con otras entidades.
El Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) no es solo un listado académico. Es un indicador estructural. Y bajo ese parámetro, Veracruz investiga menos de lo que necesita para desarrollarse.
Paradójicamente, el problema no es ausencia de infraestructura científica. Veracruz cuenta con una red significativa de centros de investigación que, correctamente articulados, podrían ser el núcleo de un ecosistema robusto.
El Instituto de Ecología (INECOL) es referente internacional en biodiversidad. El Centro de Innovación e Integración de Tecnología Avanzada (CIITA) del Instituto Politécnico Nacional (IPN) tiene misión explícita de transferencia tecnológica. La Universidad Veracruzana opera múltiples institutos de investigación y una red sísmica en colaboración con la UNAM. El Centro Regional de Investigación Acuícola y Pesquera (CRIAP). Existen centros en educación, salud, desarrollo regional e innovación interdisciplinaria.
El capital institucional está ahí. Lo que no existe es una arquitectura que lo articule.
La mayoría de estos centros se concentran en Xalapa y la zona conurbada. Operan como islas académicas con baja coordinación horizontal y escasa conexión sistemática con políticas públicas estatales. No hay agenda común, no hay metas compartidas, no hay indicadores de impacto regional.
Aquí es donde el COVEICYDET debería intervenir. Pero durante años ha funcionado más como oficina administrativa que como cerebro estratégico.
El presupuesto ha privilegiado gasto operativo sobre inversión sustantiva. No se consolidó una Agenda Estatal de Investigación con prioridades vinculantes. No se generaron mecanismos sólidos de transferencia tecnológica. No se construyó un sistema transparente de financiamiento competitivo.
Y la gobernanza fue débil. La opacidad en el manejo de recursos —incluidos fondos provenientes de multas electorales— abrió espacio a la discrecionalidad. Sin evaluación externa robusta ni dictámenes públicos sistemáticos, la institución perdió credibilidad.
Si algo ha quedado claro en el diagnóstico es que el problema del sector de Ciencia, Tecnología e Innovación en Veracruz no es la ausencia de talento ni de instituciones, sino la falta de conducción estratégica.
El estado no parte de cero; parte de un potencial desarticulado. Y cuando el problema es de diseño institucional, la respuesta no puede ser retórica, sino estructural.
No se trata de inventar un nuevo modelo ni de prometer presupuestos imposibles. Se trata de corregir la arquitectura que hoy dispersa recursos, fragmenta esfuerzos y diluye responsabilidades. La política científica de Veracruz necesita pasar de la administración de programas a la construcción de un sistema coherente, evaluable y orientado a resultados.
Las siguientes propuestas no buscan ampliar la burocracia ni multiplicar eventos simbólicos. Buscan establecer reglas claras, prioridades definidas y mecanismos de rendición de cuentas que permitan convertir el conocimiento existente en desarrollo real. Si el diagnóstico es serio, la respuesta también debe serlo.
El desafío no es menor: transformar al COVEICYDET en el eje articulador de un ecosistema científico que hoy opera de manera aislada. Las siguientes propuestas no nacen de ocurrencias, sino de acciones derivadas de experiencias exitosas en este ámbito:
1. Una Agenda Estatal de Investigación con carácter vinculante
La primera transformación debe ser conceptual y presupuestal. El COVEICYDET tiene que dejar de financiar proyectos aislados y comenzar a operar bajo una Agenda Estatal de Investigación, Desarrollo Tecnológico e Innovación con prioridades explícitas y obligatorias para la asignación de recursos.
No se trata de redactar un documento más, sino de definir un número reducido de ejes estratégicos —agua, energía, biodiversidad, gestión de riesgos sísmicos y climáticos, productividad agrícola, salud pública, digitalización gubernamental— y concentrar ahí el financiamiento público.
Esa agenda debe elaborarse con participación técnica real de la Universidad Veracruzana, el INECOL, CIITA, el CRIAP y otros centros, pero también con las secretarías estatales que toman decisiones en territorio. La investigación debe responder a problemas públicos concretos.
Sin prioridades vinculantes, el presupuesto se dispersa. Con prioridades claras, cada peso invertido puede justificarse en función de impacto territorial.
2. Financiamiento competitivo con evaluación externa real
El segundo cambio es institucional. No puede haber política científica creíble si los recursos se asignan sin criterios públicos verificables.
El COVEICYDET debe establecer convocatorias con reglas claras, evaluadas por comités técnicos externos al propio consejo. Los dictámenes deben publicarse. Los proyectos financiados deben rendir cuentas periódicamente.
Además, debe implementarse evaluación de impacto ex post: ¿el proyecto generó patentes? ¿prototipos? ¿mejoras productivas? ¿publicaciones aplicadas? ¿incidencia en políticas públicas?
Financiar sin medir es administrar subsidios. Financiar con evaluación es construir política pública.
3. Integrar ciencia y economía
Hoy el conocimiento generado en Veracruz está débilmente conectado con su estructura productiva. Eso debe cambiar.
El estado puede crear un esquema de coinversión donde empresas que desarrollen proyectos de innovación junto con centros de investigación accedan a incentivos estatales o acompañamiento técnico preferente.
El CIITA podría convertirse en nodo tecnológico para modernización industrial. El INECOL debería vincularse directamente con políticas de ordenamiento territorial y transición ecológica. El CRIAP tendría que integrarse a una estrategia costera sustentable.
La ciencia debe estar incrustada en la economía. No como asesoría marginal, sino como motor de modernización.
4. Retener talento como política explícita
Formar investigadores que migran es una política incompleta. Veracruz necesita un programa de reincorporación y retención de talento que incluya financiamiento semilla para jóvenes investigadores, contratos puente en centros estratégicos y esquemas de inserción en sectores productivos.
La retención de talento debe convertirse en indicador oficial de desempeño del sector. Si el estado no puede ofrecer condiciones mínimas de desarrollo profesional, seguirá perdiendo capital humano.
5. Descentralización territorial
La política científica no puede concentrarse en Xalapa y la zona conurbada. Veracruz tiene regiones rurales, costeras y de alta marginación donde el conocimiento puede incidir directamente en productividad y resiliencia.
Se requiere una estrategia regionalizada, donde centros de investigación colaboren con municipios en gestión hídrica, prevención de riesgos, agricultura sostenible y educación científica.
La apropiación social de la ciencia no es organizar una feria anual; es integrar conocimiento a la toma de decisiones locales.
6. Transparencia radical en la gobernanza
Finalmente, el COVEICYDET necesita recuperar legitimidad. Eso implica publicar contratos, montos asignados, dictámenes técnicos y evaluaciones de resultados de manera sistemática.
La transparencia no es un trámite administrativo; es condición de credibilidad.
Desde la llegada de la nueva responsable del COVEICYDET, la expectativa no era menor. Después de años de desgaste institucional, opacidad presupuestal y dispersión estratégica, el relevo ofrecía una oportunidad concreta de ruptura. No se trataba simplemente de administrar mejor, sino de redefinir el papel del consejo en el desarrollo del estado.
Pero en 2026 lo que predomina es continuidad.
No existe una Agenda Estatal de Investigación con carácter vinculante. No se ha consolidado un sistema transparente y competitivo de asignación de recursos. No se ha instaurado evaluación externa robusta. No se ha reconfigurado la arquitectura institucional que permita articular universidades, tecnológicos, centros de investigación y sector productivo bajo una visión común.
Cuando el diagnóstico es público y las fallas están identificadas, la ausencia de reforma deja de ser circunstancial y se convierte en decisión política.
Dirigir el órgano rector de la ciencia y la tecnología en un estado como Veracruz no es una tarea administrativa; es una responsabilidad estratégica. Cada omisión tiene efectos acumulativos: investigadores que migran, proyectos que no escalan, empresas que no innovan, municipios que toman decisiones sin respaldo técnico, oportunidades que se pierden frente a otras entidades que sí integran el conocimiento como motor de crecimiento.
El COVEICYDET fue concebido para ser articulador, no espectador. Para definir prioridades, no para dispersar recursos. Para evaluar impacto, no para administrar inercias.
Hasta ahora, la gestión no ha logrado posicionar al consejo como el cerebro técnico del desarrollo estatal. Ha mantenido una lógica operativa, cuando lo que se necesita es conducción estratégica. Ha administrado estructura, cuando lo que se requiere es liderazgo institucional.
Y en política pública, sostener lo insuficiente también es una forma de fracaso.
Veracruz no está condenado al rezago científico. Tiene centros de excelencia, investigadores reconocidos, biodiversidad estratégica, litoral productivo y una universidad pública con masa crítica relevante. El potencial existe. Lo que falta es decisión para convertirlo en política de Estado.
El tiempo en ciencia no es neutro. Cada año sin reforma profundiza la brecha con las entidades que sí avanzan. Cada convocatoria sin evaluación rigurosa debilita la credibilidad. Cada talento que se va reduce la capacidad futura del estado.
La responsabilidad política ya no puede diluirse en la inercia.
La pregunta no es si Veracruz tiene ciencia. La pregunta es si tiene dirección.
Y esa respuesta, hoy, depende de decisiones que ya no pueden posponerse. |
|